miércoles 8 de febrero de 2012

Militarización USA en Libia


NO quisieron poner sus botas en Libia para evitar los estragos y la muerte en sus filas que tuvieron en Afganistán e Iraq. Con una potente guerra aérea, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y los socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) destruyeron una nación soberana e independiente en nombre de la hipócrita preocupación por la democracia, sin que ninguno de sus soldados saliera de la nación norteafricana en un ataúd. Pero ahora, ante la dificultad de las nuevas autoridades —puestas por los cañones occidentales— de estabilizar y administrar el país, Washington ha decidido tomar cartas en el asunto.

El caos sacude a uno de los mayores productores africanos de petróleo. Las bandas armadas que respondieron al autodenominado Consejo Nacional de Transición (CNT) —el ejército terrestre de la OTAN en la guerra contra el régimen de Muammar Al-Gaddafi— llevan meses peleándose por el control de feudos, y le exigen al Consejo una mayor representatividad de sus intereses en el Gobierno. Por eso desoyen las ofertas de integrarse a las que serían las nuevas Fuerzas Armadas libias.

Y lo que es más grave, impera en la población el descontento y la desconfianza, bien fundados, en el CNT. Recientemente, el vicepresidente del Consejo, Abdul Hafiz Ghoga, se vio obligado a renunciar a su cargo en medio de crecientes protestas en Bengazi (noreste), la segunda ciudad del país y cuna de la rebelión contra Gaddafi. Incluso después de abandonar su puesto, Ghoga, a quien acusan de oportunista por su participación en el Gobierno de Gaddafi y después en el del CNT, fue agredido por estudiantes en la Universidad de esa urbe.

Las manifestaciones, que ya se hacen bastante frecuentes, exigen a las nuevas autoridades una mayor transparencia en la administración de los activos del país, que a pesar de ser uno de los más ricos de África, ahora, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), se encuentra en una situación bastante precaria en el orden de las finanzas.

Pero lo que más preocupa a Washington es la posibilidad de que se pueda organizar un movimiento de resistencia que le impida saquear el país en paz y tranquilidad. El Gobierno del CNT, además de protestas populares, ha debido enfrentar sabotajes y acciones armadas de peso, al punto de perder el control de zonas de algunas ciudades.

Por ello, la potencia norteamericana comienza a establecer su presencia militar en Libia, de manera escurridiza gracias al silencio cómplice de los grandes medios de comunicación que acompañaron la guerra imperialista contra la nación norteafricana.

Desde finales de diciembre, el Pentágono está instalando una base militar en Wau Al Kebir (900 kilómetros al sudeste de Trípoli y 240 kilómetros al norte de la frontera con Chad). Y en los últimos días varios medios se hacen eco de reportes muy escuetos que dan cuenta del movimiento de soldados yanquis —unos dicen que 6 000, otros que 12 000— desde la base militar de Malta hacia Brega, una de las ciudades estratégicas, donde se refina el petróleo antes de su venta en el mercado mundial.

El paso dado por EE.UU., otra violación de la soberanía libia, ha irritado incluso a quienes en un principio apoyaban al apátrida CNT. Algunas de estas bandas —de Misurata— que fungieron como el peón libio de la OTAN contra Gaddafi, fueron blanco de los aviones franceses Apache al servicio de la Alianza Atlántica cuando intentaron controlar las plataformas petroleras de Brega.

Esta es una despiadada campaña militar por el crudo libio, en la que Washington busca posicionar a sus empresarios como los favoritos, aunque sea a golpe de cañón.

En la lista de socios occidentales que se beneficiarían de contratos, según Ali Tarhouni, quien fungió como Ministro de Petróleo del CNT entre marzo y noviembre de 2011, Estados Unidos ocupa el segundo puesto, después de Francia, y seguido por Gran Bretaña e Italia. Pero esta correlación pudiera cambiar. El actual ministro de esa cartera, Abdul-Rahman Ben Yezza, es un ex ejecutivo de la compañía italiana ENI, la empresa extranjera que mayor participación tuvo en el sector durante el régimen de Gaddafi.

Estados Unidos va con todo por el petróleo libio, y en una carrera militar ninguno de sus socios imperialistas puede aventajarle. Libia es solo una puerta a los ambiciosos planes que Washington tiene reservados para África.

La imagen, de Getty Images, muestra a la refinería de Brega, controlada por grupos armados que luchaban contra Muammar Al-Gaddafi, en febrero de 2011.

viernes 27 de enero de 2012

Leales a Gaddafi son torturados en cárceles libias

Amnistía Internacional (AI) denunció casos de tortura hasta la muerte de combatientes de Muammar al-Gaddafi, mientras Médicos Sin Fronteras (MSF) anunció que suspenderá sus operaciones en centros de detención libios debido a esas prácticas.

Varios detenidos han muerto tras ser sometidos a tortura en Libia en las últimas semanas y meses en un contexto de malos tratos generalizados contra presuntos combatientes y seguidores de Gaddafi, señaló AI en una comunicado de prensa difundido en su página web.

La denuncia de AI fue hecha en base a testimonios de detenidos que mostraban señales visibles de torturas infligidas por milicias armadas en prisiones de Trípoli, Misurata, Gheryan y sus alrededores.

«Aunque muchos detenidos nos han contado sus experiencias de tortura, algunos estaban demasiado asustados para hablar por temor a sufrir torturas peores si denunciaban y se limitaron a enseñarnos sus heridas».

Según el reporte, las lesiones de los prisioneros incluían heridas abiertas en la cabeza, extremidades, espalda y otras partes del cuerpo.

Los detenidos, tanto ciudadanos libios como de otros países del Africa Subsahariana, relataron haber sido golpeados con látigos, cables, mangueras de plástico, cadenas, barras metálicas y palos, además habían recibido descargas eléctricas.

La mayoría de ellos, sospechosos de haber sido leales a Gaddafi, suelen ser torturados inmediatamente después de ser aprehendidos, en los interrogatorios y en los centros de detención.

AI denunció que hasta la fecha los detenidos no tienen acceso a un abogado y que las autoridades de transición libias no han realizado investigaciones sobre casos de tortura y muerte bajo custodia.

En tanto, Médicos Sin Fronteras anunció que suspenderá sus actividades en los centros de detención de la ciudad de Misurata como respuesta a las torturas practicadas contra los presos y a la denegación de tratamiento médico.

Denunciaron que desde que iniciaron su trabajo en Libia, en agosto pasado, han tenido que tratar «cada vez más pacientes con lesiones debidas a torturas en los interrogatorios», aunque en principio su labor en estos centros era ocuparse de los heridos de guerra presos.

Según MSF, su equipo ha tratado en total a 115 personas que presentaban heridas relacionadas con torturas y ha puesto estos casos en conocimiento de las autoridades en Misurata.

Las acusaciones suponen un duro golpe para las potencias occidentales que azuzaron la violencia en la nación norteafricana y utilizaron a las bandas armadas del denominado Consejo Nacional de Transición (CNT) para emprender la guerra contra Gaddafi e instalar a las nuevas autoridades que les garantizarán el control de los enormes recursos petroleros y de gas libios.

El CNT dice exhortar a los grupos armados a no llevar a cabo represalias contra los partidarios de Gaddafi y dice que investigará cualquier abuso, al mismo tiempo que asegura no tener capacidad para frenar la tortura, pues no puede controlar a las milicias locales que están fuera de su cadena de mando, y que según el propio CNT, son las responsables de estas prácticas.

Foto: Getty Images

lunes 9 de enero de 2012

Libia: la guerra no culminada

El proceso de transformación política con el que el Consejo Nacional de Transición (CNT) intenta dar una imagen de estabilidad en Libia se enfrenta a las diferencias que emanan de la dirección y la fisiología de esa agrupación y a la presión de varias fuerzas que participaron en la guerra de Estados Unidos, Francia y Reino Unido, contra ese país.

Bastante tardó, después de varios intentos, la formación de un gabinete que, según el CNT, dirigiría el país hasta la celebración de elecciones en la primera mitad de 2012 para una Asamblea Constituyente que redacte la Carta Magna, además de encargarse del desarme de ex militares y ex insurgentes y emprenda la reconstrucción.

Ni tan siquiera hubo consenso entre los sublevados para elegir como primer ministro a Abdel Rahim El-Keib —académico y empresario que ha pasado la mayor parte de su vida en Estados Unidos—, quien contó apenas con 26 de los 51 votos posibles.

Ahora, la misión del ejecutivo de reconstruir el tejido social libio y traer la paz parece utópica en medio de un escenario de desconfianza entre las propias fuerzas que integran el denominado Consejo. Los grupos que combatieron contra las tropas del coronel Gaddafi piden una representación más amplia en el CNT: un 40 por ciento de su membresía, según trascendió de la reciente conferencia de la denominada Unión de los rebeldes de Libia, una organización que reagrupa al 70 por ciento de quienes se levantaron en armas contra el Gobierno.

La desconfianza también está en las calles. Hace poco, jóvenes activistas de organizaciones de la sociedad civil libia en la ciudad de Bengazi, cuna de la guerra civil que comenzó a mediados de febrero de 2011, exigieron en una movilización el derrocamiento del CNT, a cuyos miembros tildan de «trepadores», y exigen que estos no formen parte de la Constituyente.

Mientras, continúan las vendettas, los ajustes de cuentas, el saqueo de residencias, escudados en la búsqueda de leales a Gaddafi… Una prueba fehaciente de la falta de control que tiene el nuevo gabinete, aunque quiera dar la imagen de un país que intenta levantarse entre las ruinas y los odios dejados por una cruenta guerra.

El CNT no controla siquiera Trípoli, la capital, ni ha logrado el desarme de los grupos y tribus que se sumaron a la cruzada contra Gaddafi. A su interior persisten divisiones entre la corriente liberal, impulsada por libios de la diáspora, figuras prooccidentales y ex colaboradores de Gaddafi, y los islamistas, representados por el Grupo de Combate Islámico, una agrupación de carácter radical. A ello se suman las tradicionales diferencias regionales y étnicas que hoy pugnan más que nunca por lograr una mayor representatividad.

A dos meses y medio del asesinato de Gaddafi, aún impune, continúan las luchas por el poder y el dominio de territorios. Diversos grupos armados controlan áreas de influencia, construyen sus feudos en las principales ciudades, y emplean como base instalaciones utilizadas por el régimen anterior.

Según el periodista Franklin Lamb, de CounterPunch, quien actualmente se encuentra en Libia, solo en Trípoli operan más de 55 milicias, con un total de 30 000 hombres, algunos de ellos protegidos y dirigidos por el propio CNT. Otros andan por su cuenta.

A inicios de este mes, exactamente el 3 de enero, se registraron enfrentamientos en la capital que causaron seis muertos y 18 heridos cuando el Ministerio del Interior trató de recuperar el edificio donde funcionaba el servicio de inteligencia y se encontró con la dura reacción de la milicia que se apoderó del complejo.

Un día después, una coalición de brigadas de ex insurgentes rechazó el nombramiento del jefe del Estado Mayor del futuro ejército libio, Yusef al Mangush, y acusó al CNT de haber ignorado a sus candidatos al cargo.

Los hechos evidencian que aún el CNT sigue sin tener la más remota idea de cómo manejar el complejo crisol político y tribal libio, lo que es fundamental para poder garantizar la estabilidad y la explotación efectiva de la enorme riqueza natural de ese país, que cuenta además con una posición estratégica y neurálgica para Europa.

Las cenizas de la guerra civil, desatada por las grandes potencias, aún se mantienen calientes. El propio presidente del CNT, Mustafa Abdel Jalil, admitió que el país puede precipitarse en ese camino si no logra controlar a las milicias rivales. De continuar este escenario, difícilmente podrían celebrarse las elecciones de 2012.

Por tanto, no sorprendería que pronto nos encontremos ante un nuevo Iraq en el norte de África.

Foto: Getty Images

viernes 6 de enero de 2012

Sudáfrica celebra centenario del ANC

Sudáfrica comenzó a celebrar este viernes el centenario del partido del Congreso Nacional Africano (ANC), fundado el 8 de enero de 1912, como baluarte de lucha contra el régimen de segregación racial del apartheid.

Los festejos comenzaron con un torneo de golf y según dijeron varias agencias de prensa, en la noche de este viernes se celebraría una velada en la iglesia donde fue fundado el partido como fuerza integradora en el continente africano.

La ceremonia final será el domingo próximo con la asistencia prevista de 100 000 personas en el estadio de Bloemfontein (centro), ciudad que vio nacer el Congreso Nacional Nativo de Sudáfrica, que posteriormente en 1923 cambió su nombre por Congreso Nacional Africano.

Según EFE, ese día la historia del ANC será interpretada a través de canciones y danzas, y el presidente de la nación, Jacob Zuma, encenderá la Llama del Centenario y hablará al pueblo sudafricano.

Más de 45 jefes de Estado y de Gobierno han confirmado su presencia y la cifra crece junto al interés que despierta la cita por el siglo de existencia de la organización. Por la parte africana anunciaron su asistencia a las ceremonias los mandatarios de Botswana, Congo, Malawi, Mozambique, Namibia, Nigeria, Uganda, Tanzania, Zambia y Zimbabwe, así como el rey de Lesotho.

También está prevista la llegada del presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, importantes delegaciones de Rusia y China, así como representantes de 80 partidos amigos del ANC.

El secretario general del partido, Gwede Mantashe, informó este viernes a la radio estatal sudafricana que Nelson Mandela, Premio Nobel de la Paz 1993, y quien encabezó al ANC tras la caída del apartheid, no asistirá a las celebraciones.

Mantashe aseguró haber ido a visitar a Mandela a Qunu (sur), su pueblo natal, donde reside desde principios de 2011 cuando se retiró debido a su frágil estado de salud. «Tiene buen ánimo, pero está muy, muy mayor. No viene a las celebraciones, y tampoco esperamos que lo haga», dijo el secretario general.

Fotos: Getty Images

jueves 5 de enero de 2012

Mubarak, a la horca

El Ministerio Público de Egipto solicitó este jueves la pena de muerte por ahorcamiento para el ex presidente Hosni Mubarak y su ex ministro del Interior Habib Al-Adli, acusados de ordenar la muerte de manifestantes hace casi un año.

La petición de la pena capital incluye también a seis de los ayudantes de Al-Adli, que comparten banquillo con Mubarak en este juicio conocido en Egipto como «el proceso del siglo».

El Ministerio Público confirmó la «responsabilidad directa» de Mubarak y de Al-Adli en la muerte de 850 manifestantes durante las revueltas populares causantes de la renuncia del ex mandatario el 11 de febrero pasado, cuando cedió el poder a una Junta Militar.

Al concluir el tercero y último día reservado a la presentación de alegatos fiscales y de la defensa del octogenario rais, el fiscal principal del juicio, Mustafa Suleiman, apuntó que la Constitución y las leyes egipcias hacen a Mubarak responsable, en tanto presidente durante las protestas callejeras, porque tenía los mayores poderes y recibía informes, de ahí que consideró imposible que desconociera los asesinatos.

Al respecto, otro de los abogados de la acusación, Asaad Hekal, explicó que la Fiscalía reveló los testimonios de dos ex ministros del Interior que aseguraron que la decisión de disparar contra los manifestantes no se puede tomar sin tener el permiso del presidente del país.

Hekal agregó que, según el Ministerio Público, el 27 de enero, dos días después del inicio de las revueltas, se celebró una reunión en el Ministerio del Interior en la que se tomó la decisión de utilizar la fuerza contra los manifestantes, lo que condena a Al-Adli y a sus asesores.

Al-Adli era el máximo responsables de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que protagonizaron la represión durante esos días. Además fue el máximo responsable del Amn al Dawla, la agencia secreta que usaba el régimen para detener y torturar.

Durante la vista, Suleiman, denunció que Mubarak no hizo uso de sus prerrogativas ni forzó la dimisión de Al-Adli porque tenía interés en reprimir las protestas. También señaló que los agentes que cometieron crímenes contra los manifestantes tenían instrucciones de los jefes de la Policía, y no podían tomar decisiones individuales sin comunicarse con sus superiores.

La sesión de este jueves era la última en la que la Fiscalía iba a presentar sus acusaciones, y la próxima vista se celebrará los próximos 9 y 10 de enero, cuando se espera escuchar los testimonios de las familias de las víctimas durante las revueltas.

Mubarak, quien estuvo en el poder por casi 30 años, y el ex ministro del Interior, enfrentan además otros cargos por corrupción, junto a los hijos del ex presidente Alaa y Gamal, este último visto como su heredero político, y Huseim Salem, un magnate amigo de la familia, declarado prófugo.

Gamal y Alaa habían sido investigados por conseguir comisiones y beneficios económicos con la venta de gas a Israel, entre otros negocios oscuros y malversación de fondos.

En estos negocios también se salpicaba el empresario Husseim Salem, a quien presuntamente Alaa y Gamal cedieron miles de metros cuadrados de terrenos estatales para proyectos hoteleros en el enclave turístico de Sharm el-Sheik. Mubarak y sus hijosse favorecieron con un palacio y cuatro mansiones en esa ciudad.

Vínculos como los que sostuvo con Salem, a quien conoció desdeque ambos estaban en el ejército, le permitieron a Mubarak amasar su gran fortuna. Solo en Suiza, según el canciller de ese país, Mubarak posee 415 millones de francos suizos (unos 320 millones de euros), que ya han sido congelados.

En el cobro de comisiones por la exportación de gas natural también se encuentra envuelto el ex ministro de Petróleo de Egipto, Sameh Fahmi, quien, según sospecha la Fiscalía, autorizó la venta del combustible a Israel y a otros seis países europeos a precios artificialmente bajos, por un monto que causó pérdidas por valor de 3 000 millones de libras egipcias (más de 500 millones de dólares) en solo cinco años.

Al-Adli ya estaba purgando una condena de 12 años de cárcel por blanqueo de dinero y enriquecimiento ilícito. Titular de Mubarak desde 1997, El-Adli fue declarado culpable, en su primer juicio, por haber utilizado a los funcionarios de su ministerio para vender un terreno privado, por el que obtuvo 4,85 millones de libras egipcias (unos 650 000 euros), de blanqueo de dinero y de enriquecimiento ilícito.

Mubarak, de 83 años y con afecciones cardíacas, llegó a la sala judicial cargado en camilla después de ser trasladado en helicóptero a los alrededores de la Academia de Policías cairota, donde se celebró el juicio.

*Fotos AP

miércoles 4 de enero de 2012

Libia, al borde de la guerra civil

Libia se arriesga a caer en una guerra civil a menos que se controle a las milicias rivales que llenaron el vacío dejado por el derrocamiento de Muammar Al-Gaddafi, dijo el líder del Gobierno interino tras un estallido de violencia en Trípoli.

Esa fue la advertencia de Mustafa Abdel Jalil, presidente del Consejo Nacional de Transición (CNT), en respuesta a un tiroteo entre milicias en una de las calles más concurridas de la capital, donde murieron cuatro miembros de los grupos que participaron en la guerra de las grandes potencias contra Gaddafi.

Más de dos meses después de que los combatientes rebeldes capturaran y asesinaran al líder libio, los nuevos gobernantes de la nación africana siguen intentando ejercer su autoridad mientras los cabecillas de las milicias rivales se niegan a ceder el control de sus tropas y entregar sus armas.

Los diversos grupos armados están compitiendo entre ellos por la influencia en la nueva Libia y creen que para asegurarse de recibir su parte en el poder político necesitan mantener las armas en sus manos.

En tanto, una coalición de brigadas de ex rebeldes rechazó la nominación del jefe de Estado Mayor del futuro ejército libio, y acusó al CNT de haber ignorado a sus candidatos al cargo. Ello es otra prueba de las tensiones exisentes entre las distintas fuerzas que conforman al denominado Consejo, que pretende dar una imagen de transformación política a pesar del clima de desconfianza e inseguridad que predomina en el país.

*Foto: Getty Images

viernes 23 de diciembre de 2011

Los derechos que «protege» la ONU

Han transcurrido dos meses del horrendo asesinato de Muammar al-Gaddafi (20 de octubre) que Naciones Unidas pidió investigar, pero a juzgar por el silencio —tanto de los grandes medios de comunicación, como del propio organismo internacional—, es claro que ya se hizo borrón y cuenta nueva.

No podía ser de otra manera. Esta fue una guerra salvaje por el cambio de régimen en Libia y el control de sus recursos naturales que van resultando deficitarios a nivel mundial; sin embargo, contó con el viso de legalidad del Consejo de Seguridad de la ONU, justificado con una satanizadora campaña mediática contra Gaddafi, que confundió con mentiras a muchos en el mundo, incluso a no pocos que dicen pertenecer a las izquierdas.

El hombre del autoproclamado Consejo Nacional de Transición (CNT) que le dio el tiro mortal a Gaddafi se vanagloria de su crimen, y Washington, París, Londres y la OTAN no ocultaron su participación con aviones y armamento en el bombardeo al convoy que transportaba al depuesto dirigente libio en las afueras de Sirte, una de las últimas ciudades en rendirse.

Hoy, esos centros de poder, que decían estar muy preocupados por la violación de derechos humanos en Libia, permanecen callados ante las grandes atrocidades que cometen las nuevas autoridades de la nación norteafricana. El propio secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, defensor de la guerra contra Gaddafi, ha confirmado que el CNT mantiene a 7 000 personas en centros de detención provisionales, sin garantías judiciales, y a cargo de los grupos armados que iniciaron la guerra civil para derrocar al Gobierno. Según el informe del diplomático, muchos rehenes, entre ellos mujeres y niños, han sido torturados. Otras fuentes hablan de 13 000 prisioneros.

No pocos de los cautivos son extranjeros, la mayoría subsaharianos, y no todos ellos participaron en la contienda, solo se encontraban en el país trabajando en el sector petrolero y gasístico que a tantas familias de África dio de comer.

Desde el asesinato del líder libio, los hombres del CNT siguen cometiendo barbaridades contra la población civil, una verdad ocultada por quienes propiciaron y estimularon la revuelta; sin embargo, el CNT mantiene la legitimidad que le otorgó la ONU con un puesto en la Asamblea General, incluso antes de que Gaddafi fuera asesinado y a pesar de no tener un Gobierno votado en elecciones democráticas.

Semejante proceder está siendo aplicado ahora contra Siria: las grandes potencias no dejan de manipular a los organismos multilaterales para condenar y aislar a ese país. Este lunes la Asamblea General aprobó una resolución contra Damasco, justo cuando el Gobierno de Bashar al-Assad aceptaba la entrada de cien observadores árabes para monitorear la situación interna.

La respuesta de Occidente ante cada paso de las autoridades sirias para solventar las tensiones y evitar la injerencia extranjera, incluso una guerra como la desatada contra Libia, es más presión. Es una falacia su preocupación por «la democracia»: la intención es instaurar un régimen plegado a sus intereses. Y esto le será difícil si no obligan a Al Assad a renunciar.

Para lograr sus objetivos redactan informes cuya credibilidad es cuestionable, por su parcialidad con fuerzas opositoras dispuestas a derrocar al mandatario, aun mediante la intervención extranjera.

De seguro, Estados Unidos y sus aliados de la OTAN no pagarán en la Corte Penal Internacional por sus crímenes en Libia, ni rendirán cuenta de la manipulación en Siria, como tampoco de su complicidad en el genocidio contra el pueblo de Palestina, y los desmanes en el Sahara Occidental y otras partes del mundo.

Esa es la democracia que apoya el imperialismo global.